martes, 6 de agosto de 2013

Hermoso galán.

En ocasiones un fantasma transita mi mente,
un apuesto caballero, tan cortés como fugaz.
Acostumbra a enamorarme sutilmente
para más tarde, al despiste, zarpar.

Ha vuelto para atormentarme nuevamente,
no lo odio por ello, sin embargo, me hace mal,
el gran vacío se llena de repente
y en un delirio de esperanza, todo es ideal.

Auyenta los espectros del pasado,
aquellos que me impiden avanzar.
Torna mi corazón esperanzado,
colmando mis entrañas de felicidad.

Oh, espléndido mortal, has llegado
para devolver el color a este oscuro lugar.
Perdón, no haberme arrodillado
ante vos, hermoso galán.

jueves, 1 de agosto de 2013

Otro maravilloso reencuentro ficticio.

Apenas recuerdo el momento exacto, ese instante en el cual fue el blanco de mis intenciones, o tal vez mienta…
Nos conocíamos, o eso creo. Hacía tiempo, mucho tiempo que no observaba aquellos ojos tan cerca, tan vivos, tan míos.
Aquel día, o mejor dicho, aquella noche, nos encontramos por casualidad, azar, yo salía con unas amigas, a festejar, nadie sabe el qué, y él…quién sabe que maravillosa casualidad lo cruzó conmigo. El caso es que nuestros pasos dieron al mismo lugar en el mismo instante, tengo que admitir que por torpeza, yo caminaba con la mente en otros lares mientras sonaba la música cuando tropecé con alguien, inmediatamente me asusté y me di prisa en pedir perdón, cuando levante levemente la vista y me quedé completamente muda, momificada, como si de un fantasma se tratase. Mis ojos no tardaron en reflejar lo que me corría por las entrañas, él también se quedó inmóvil, dudoso de lo que le mostraban sus ojos. Perdón, tartamudeé, mientras una media sonrisa vergonzosa asomaba en mis labios y mis ojos se tornaban brillosos. Sonrió, ampliamente, esa sonrisa que sólo él tiene, pícara, sensual, irresistible… Le sonreí, esta vez de verdad, como solo él merece que le sonrían, nunca me esperaría esa reacción, sobre todo después de tanto tiempo. Le ofrecí mi mano, para vacilar, como el día en que nos vimos por vez primera, y él, exactamente como pasó entonces, se abalanzó sobre mí, besándome con fervor, con su mano derecha agarrándome la cintura y su mano izquierda sosteniéndome la nuca, y, aunque fuese la segunda vez que lo hacía, me sorprendió todavía más que la primera, por un segundo me torné como el hielo, de hecho, un escalofrío me recorrió entera, y solo cuando éste recorrió cada rincón de mí, reaccioné. Lo besé como si el mundo se acabase en aquel preciso instante, sin pensar en nada más, lo rodeé con mis brazos y me dejé llevar, era como si nos estuviésemos alimentando el uno del otro, le mordisqueé el labio inferior recordando que lo volvía loco. Se separó unos centímetros, mientras se mordía el labio y me observaba. Transmitían tanto aquellos ojos…los dos sonreímos a la vez mientras se acercaba a mi oreja y me susurró algo que apenas recuerdo, pero que hizo desvanecer la cordura. De ese instante solo recuerdo que salimos de allí sin decir nada, nada más importaba.
Una vez estuvimos en la calle, lo suficientemente alejados del resto de la gente, me acorraló contra la pared, sosteniéndome el rostro utilizando ambas manos con suma delicadeza, como una caricia, me volvió a besar, esta vez fue distinto, fue el beso más dulce que me han dado en la vida. Me abrazó, como se abraza a un pequeño asustado, un abrazo consolador, parecía como si con aquel gesto me quisiera pedir perdón por su ausencia. Sabía que no le reprocharía nada, pero sobre todo, sabía que entendía sus silencios, él es de esas personas que incluso cuando calla, transmite tanto...
Me agarró de la mano sin dejar de mirarme a los ojos, sonriéndome, no sabía a dónde nos dirigíamos, pero, a decir verdad, tampoco me preocupaba. Hablar sería menospreciar aquel maravilloso silencio, y por nada del mundo lo haríamos, nada que se pudiera decir era más importante que lo que entre nosotros sucedía en aquel momento. Caminamos un buen trecho, parando para recordar el sabor de nuestros labios hasta que llegamos a un portal, donde nos detuvimos y me invitó a sentarme a su lado, entonces habló. Charlamos un rato, nos pusimos al día, recordamos viejos y buenos tiempos, nos reímos a carcajadas y nos percatamos de que no todo había cambiado como imaginábamos. Me hizo un gesto con la cabeza, miré hacia atrás y me di cuenta de que vivía allí, sonreí y acepté, la noche comenzara a refrescar, estaríamos mejor al abrigo.
Una vez entramos me ofreció una copa, por supuesto, acepté, él se sirvió otra mientras yo miraba nerviosa hacia todos lados, se acercó a la mesa, dejó las bebidas y vino hacia mí.- Tranquila- me susurró- estamos solos. Mientras, me quitaba el abrigo para colgarlo, me agarró por detrás besándome en la mejilla y me invitó a sentarme. Me ofreció algo de comer, y aún negándome, se puso a preparar pasta, con un montón de especias, ya verás como te encanta, me dijo.

No podía creer que estuviese pasando, llevaba años sin verlo, y de repente, estaba a unos metros de mi, haciéndome de comer a las siete de la mañana, era totalmente surrealista. En este tiempo pasaron mil cosas, perdimos contacto, lo recuperamos más tarde, pero siempre volvía a desaparecer, quizá fue eso lo que hizo que nunca me cansara, siempre me alegraba de hablar con él, hubiesen pasado 4 horas o 7 meses de la última conversación, la confianza nunca se desvaneció, por eso era tan especial. La nuestra era una relación indescriptible, atemporal, más hablada que vivida. Por eso las poquísimas veces que nos vimos fueron tan especiales, y esta vez, presentía que sería la más especial de todas.

jueves, 13 de junio de 2013

Adiós señorita cordura.

Había atravesado el umbral del sueño cuando un leve sonido me hizo volver, era él, otro corcel sin dueño que en mitad de la noche ofrecía placer. “¿me recibe usted en su cama?” dijo, y yo contesté, “¿Qué insolente caballero seduce así a una mujer?” “No busco seducirla, señorita, ya sabe usted, un deleite mutuo, con mucho gusto le vengo a ofrecer”. No pude negarme a tan buen ofrecimiento y acepté. Disipé la neblina que había en mis ojos, perfumé mi piel y esperé. Al rato una llamada interrumpió mi calma, y contesté. Era mi insolente caballero, con su hablar exquisito me decía “ven”. Sin dudarlo fui en su busca y lo guié, él me besó los labios y aún con sorpresa, no dudé en corresponder.
Gran fue mi asombro cuando los nervios me penetraron la piel, hablar entrecortado, trago de licor y verle a él. Su torso desnudo y su sonrisa pícara hacían latir mi sien. De pronto, un suspiro acelerado me atrajo a sus pies. Labios jugosos, lengua invasora y sus manos en mi piel. Adiós señorita cordura, bienvenido sea, señor placer.

viernes, 22 de febrero de 2013

Tú, conciencia.


Ya que nadie se atreve a comenzar, he pensado que podría ser la primera. Quizás alguien más se percate de lo necesaria -aunque desagradable a veces- que puede ser la sinceridad en más de una ocasión. Hace unos días hablaba de este tema con una de las personas a las que más quiero, aunque también es cierto que es una de las personas que más me desquician.

-¿”No sería mejor todo si dijésemos la verdad”?
- Pero no a todos nos gustaría saber la verdad
- ¿Por qué?
- A veces duele
- ¿Prefieres vivir en un engaño antes que enfrentarte a tus temores?
- No
- Entonces, ¿por qué mientes?
- A veces por no hacer daño, otras por..... no decepcionar a quien quieres, o por conservar lo que no mereces. Y en la inmensa mayoría de las ocasiones, por miedo a la verdad.
- ¿Por qué aceptar algo que tu misma sabes que no eres merecedora de ello? De ser así vivirías en tu propio engaño, atormentándote por disfrutar de lo que no es tuyo.
- Pero, al tenerlo, puedo fantasear y creer que es cierto.
- Eres una más, me has decepcionado, vives de la mentira... vives de lo que odias, de aquello que tanto criticas y criminalizas. Eres...hipócrita.
- NO! No digas eso... es que... a veces es tan cruel saberla...ser consciente de ella, a veces da miedo.
- ¿Por qué temes la verdad? Es la realidad, lo que te rodea, lo es todo...
- Ya pero... todos mienten, incluso aquellos que lo niegan y te reprochan por ello.
- A ver si lo he entendido... me dices que la sociedad miente, y tú lo haces por ¿“no desentonar”?
- … Puede... o no lo sé. Además... qué es la verdad? Quién dice que mis fantasias no son mi verdad?
- Alguien tiene que ser el que ponga fin a esta situación... No seas ilusa, ambas somos conscientes de que sabes de lo que te hablo... Sabes que a mí no puedes mentirme. No se puede tener miedo a ser uno mismo, no creo que sea tan horrible.
- ¿Y por qué no empiezas tú?
- No puedo, lo sabes.
- No puedes?
- No seas tonta... mientras sigas ocultándote tras la mentira y manteniendo conversaciones conmigo. Nunca nadie sabrá que somos diferentes y que estamos dispuestas a tomar la iniciativa. Quién sabe... puede que alguien nos siga...
- Somos?
- Sí, somos, soy tú, imbécil, deja de hablar sola, sal ahí, y demuestra lo que vales!

Nuevo comienzo


Letras que ansían ser escritas en consonancia con sentimientos reprimidos por unos labios cosidos. Todos ellos se han obcecado en el interior del tubo de tinta de un bolígrafo, o quizás en un teclado junto a un cerebro bloqueado, unas cuerdas bucales insonorizadas por un rostro demasiado familiar. O quizás por un mensaje no esperado, unas palabras sorprendentes para unos ojos que ya no recuerdan haber leído buenas noticias. Lo agradable se ha censurado por miedo al fracaso, terror a lo oculto aunque esta vez no haya nada que ocultar. Tal vez costumbre, tal vez cobardía. Quizá se castigue por no haber hecho lo correcto, tal vez tema no saber qué es “lo correcto” o desconozca su paradero. Puede ser que no recuerde su identidad o que nunca llegase a descubrirla. Le asusta la verdad, puede aparecer en cualquier momento, incluso es probable que la ronde a menudo aunque no sea consciente de ello. Da tantas vueltas y recorre tantos recovecos que habita la confusión contante, el aturdimiento la ha poseído, o al contrario, eso nunca nadie lo sabrá...

viernes, 12 de octubre de 2012

Perdone, tengo algo para usted.


Quizás debería empezar este escrito con un: “hola”, o un: “querido/a…” pero no lo haré, principalmente porque no le conozco, ni usted a mí. O quizás si, quizás me ve por la calle, es más, casi me atrevo a asegurar que es así. Me mira meticulosamente, luego gira la cabeza y hace como si no existiese, nunca existo. Quizá piensa: “pobre…”, “que lástima”, “que pena..”. Pero al rato se le olvida, siempre se les olvida a la mayoría.
Pues bien, hoy, rebosante de coraje, me he decidido a escribirle. Sé que aun duda de mi identidad y ahora mismo se está preguntando que será lo que tengo que decir. No se preocupe, tenga paciencia, todo a su tiempo.
Me gustaría que supiese lo que yo siento cuando me mira, cuando me ignora, cuando me juzga, cuando me desprecia…

Me gustaría que, solo por un instante, supiese lo que es vivir en un cuerpo atrofiado, pesado, desfigurado, torcido, torpe, un cuerpo que en absoluto se corresponde con su mente, con su ilusión, con sus ganas de vivir, un cuerpo que ejerce de mordaza de su persona. Un cuerpo al que todos miran con repulsión. Me gustaría que supiese lo duro que es arrastrar ese lastre…prejuicios, superficialidad… ojalá no sintiese el deseo de juzgarle, pero se ve tan feo todo desde aquí… Aunque no se lo crean, siento igual que ustedes.

Ahora imagínese que en un flash se encuentra en un lugar que no conoce, imagínese que no conoce a las personas que están a su alrededor. Sin embargo esa gente asegura conocerle, saben su nombre, saben donde vive, saben cosas que ni siquiera usted tiene claras. Está totalmente fuera de lugar, quiere salir corriendo, pero no sabe a dónde. Lo peor de todo esto es que sucede cada día  y cada día es peor. Su cerebro se está consumiendo, como una hermosa flor cuando le arrebatan la vida. Y no puede hacer nada para evitarlo.

¿Qué sentiría si de repente no percibiese nada a través de la vista? ¿Si sus ojos se apagasen? ¿cómo sería su vida? ¿se hundiría? ¿alguna vez se ha parado a reflexionar cuán importantes son los sentidos para usted? ¿y si no pudiese ver cuán hermosa es esa obra? la intensidad de los colores, la luz, la luz del sol… ¿y si no pudiese percibir el aroma de la comida tan rica que le acaban de preparar, o algo tan simple y embriagador como el olor a hierba húmeda? ¿qué me dice de la música, no es maravillosa? ¿cómo se imagina una vida sin oír la música? o la maravillosa voz de aquella persona a la que ama… y poder sentir las caricias ¿qué dulce verdad? … y qué rico cuando comemos lo que nos gusta ¿Y si no percibiese ese sabor que tanto le encanta? Probablemente piense que sería desastroso… traumático, absurdo incluso. Permítame decirle que se equivoca. Hay personas que día a día se enfrentan a este tipo de retos, y sí, viven. Viven porque cada día se superan a sí mismos, se enfrentan a un reto y luchan por salir adelante para que personas como usted los respeten, Respeto, con mayúscula, esa gente lucha día a día por ganarse un lugar en el mundo, y ahora sí, me gustaría saber quien es usted…quién se cree usted que es para negárselo…






Y en este momento… mi nombre ya sería un mero dato sin importancia.

jueves, 19 de abril de 2012

Mi rey

Se ha ido, otra vez ha desaparecido, como acostumbra...o, pensándolo bien, nunca estuvo aquí... lo llegué a sentir tan cerca estando tan lejos... supongo que fue estúpido pensar que aquella locura adolescente podría cobrar vida de nuevo. Ha sido una locura desde el principio, pero en aquel maravilloso principio incluso lo mas retorcido cobraba sentido.
Estamos tan lejos de lo que éramos,y, sobre todo, de lo que queríamos ser... dos soñadores que tramaban el modo de cambiar el rumbo del mundo, de enfrentarse cara a cara contra la adversidad.
Mi rey, mi querido y dulce luchador...creo que aquella tan temida adversidad nos ha devorado. Se ha alimentado de nuestra ilusión y a succionado nuestro entusiasmo. Si te soy sincera, en ocasiones no me reconozco, creo que una anciana moribunda se ha apoderado de mi. Creo que te necesito, y si no eres tu... necesito aquel espíritu que me hacia creer que me podía comer el mundo a mordiscos.
Hace unos meses te prometí que te escribiría...pero este cerebro esta taaan vacío  todo es taan monótono que pasan los días como si de segundos se tratase. quizás debería disculparme por la bordería de la última vez.

sólo necesito que reaparezcas.